La crisis del cáncer en Iowa: Un desafío de salud no partidista que requiere soluciones
La hepatitis B y C son infecciones virales que afectan el hígado y pueden provocar complicaciones graves de salud si no se tratan. Ambos virus se propagan principalmente a través del contacto con sangre o fluidos corporales infectados, aunque la hepatitis B también puede transmitirse mediante contacto sexual y de madre a hijo durante el parto. Mientras que la infección por hepatitis B a menudo se resuelve por sí sola en adultos, la hepatitis C tiene más probabilidades de volverse crónica, lo que significa que la infección persiste durante muchos años. Las infecciones crónicas de cualquiera de los dos virus pueden causar daño hepático, cirrosis y aumentar el riesgo de cáncer de hígado con el tiempo.
Las pruebas de laboratorio desempeñan un papel crucial en el diagnóstico y monitoreo de las infecciones por hepatitis B y C. Para la hepatitis B, el cribado inicial generalmente implica la detección del antígeno de superficie de la hepatitis B, que indica infección activa, y anticuerpos contra el antígeno de superficie y el antígeno del núcleo de la hepatitis B, que muestran infección pasada o inmunidad por vacunación. Pruebas adicionales pueden medir los niveles de ADN viral para evaluar qué tan activamente se está replicando el virus. Para la hepatitis C, el cribado comienza con una prueba de anticuerpos que detecta si alguien ha estado expuesto alguna vez al virus. Si hay anticuerpos presentes, una prueba de seguimiento llamada prueba de ARN del VHC confirma si la infección es actual y activa.
Cuando se diagnostica hepatitis B o C, los médicos a menudo solicitan pruebas de laboratorio adicionales para evaluar la función y el daño hepático. Estas incluyen pruebas de enzimas hepáticas como ALT y AST, que se elevan cuando las células hepáticas están lesionadas, y pruebas que miden bilirrubina, albúmina y factores de coagulación sanguínea que indican qué tan bien está funcionando el hígado. También se puede realizar un hemograma completo. En algunos casos, pruebas especializadas como FibroScan o biopsia hepática ayudan a determinar el grado de cicatrización o fibrosis hepática.
El monitoreo regular mediante pruebas de laboratorio es esencial para las personas con hepatitis B o C crónica. Para quienes están recibiendo tratamiento antiviral, las pruebas de carga viral rastrean qué tan bien está funcionando la medicación al medir la cantidad de virus en la sangre. El objetivo del tratamiento de la hepatitis C es lograr una carga viral indetectable, lo que indica que la infección ha sido eliminada. Para la hepatitis B, el tratamiento tiene como objetivo suprimir la replicación viral y prevenir el daño hepático, aunque la eliminación completa del virus es menos común. Las pruebas periódicas de función hepática y las pruebas de detección de cáncer como la alfafetoproteína ayudan a detectar complicaciones tempranamente, permitiendo una intervención oportuna y mejores resultados de salud.
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